Revés de la masculinidad

Una aproximación psicoanalítica a la construcción subjetiva de lo masculino

  • La construcción subjetiva de lo masculino, tanto para los hombres como para las mujeres,

    ... lo que encubre, sus discontinuidades y ambigüedades, su complejidad y sus carencias como formulación acerca del ser. Tras la pretendida naturalidad de una supuesta esencia masculina están las brechas entre las realidades subjetivas y los estereotipos culturales, las cuales se traducen en tensión, desencuentro, conflicto, vacío existencial y patología. Abordamos el revés de la masculinidad, entendido como su reverso y también como su fracaso.
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Carencia en espera de subjetivación

Posted by Antonio Pignatiello Megliola en junio 7, 2011

Welles, 1941. Citizen Kane

Fracaso, lenguaje del fondo, pista de otro espacio más

 exigente, difícil de entreleer es tu letra

Rafael Cadenas

El deseo es la metonimia de la carencia de ser

Jacques Lacan

 Estamos acostumbrados a no hacer cuestionamientos sobre el deseo cuando se trata de la masculinidad. Parece que los hombres saben lo que quieren, parece obvio que quieren mujeres, dinero, experiencias intensas, poder, éxito, por mencionar algunas cosas. Un pensamiento darwiniano reforzaría esta obviedad señalando que los hombres quieren cosas buenas para la sobrevivencia de la especie. ¿Para qué fastidiar las cosas naturales? Por otra parte, muchas mujeres dedican sus esfuerzos a dar respuesta a lo que los hombres quieren, suponen que de su satisfacción depende el amor.

La relación de los hombres con el deseo está entorpecida por defensas y por una dificultad para subjetivar algo en falta que deja vacío, ausencia, agujero. Querer tener responde al ilimitado imaginario del falo, un desvarío en prácticas de dominio, apropiación y jerarquía. Querer tener no es el deseo, incluso puede implicar su rechazo o desconocimiento. Freud se preguntó ¿qué quiere la mujer? y la tradición psicoanalítica continúa haciendo de ese deseo un continente oscuro. La misma tradición ha omitido hacer la misma pregunta acerca del hombre, protege la masculinidad como algo evidente, natural, activo, de lo que ya se sabe y donde no hay nada que interrogar. Esa y otras tradiciones protegen a los hombres del enigma, lo inefable y la vivencia de vacío que involucra hacerse la pregunta por el deseo.

Es indispensable dicha pregunta para concebir un movimiento hacia el cambio en la manera como se vive la masculinidad. Mucho de lo que resuena en el contemporáneo malestar en la masculinidad es expresión de defensas regresivas ante cambios no aceptados ni elaborados. En el siglo pasado se produjeron profundos cambios culturales promovidos por las mujeres en la política, el trabajo, la familia, la pareja, la sexualidad, pero muchos de estos cambios esperan todavía por ser integrados en la construcción de las subjetividades. El patriarcado cuestionado en las prácticas culturales, sigue vivo y saludable en el inconsciente. En nuestro entorno cotidiano podemos constatar la presencia de prácticas e ideologías que procuran el rescate de la virilidad hegemónica y del respeto patriarcal. Si lo vemos a nivel mundial, podemos constatar que así como en algunas sociedades se han dado cambios hacia la igualdad entre hombres y mujeres, hay otras en las que se ha producido una reafirmación de la moral patriarcal promovida como movimiento de resistencia cultural. Llamemos a eso fundamentalismo pero con la condición de no creernos inmunes a él.

El inconsciente individual participa en la producción de ideologías que impiden asociar lo masculino con algo que no anda bien, un malestar, una queja. Un extremo mudo y mortífero de ese impedimento nos lo ilustra González Iñárritu en Biutiful. El fracaso en la masculinidad no es tanto por lo insuficiente sino por lo demasiado, ese fracaso es letra difícil que puede ayudarnos a entreleer lo acallado, a poner en entredicho lo naturalizado, a salir del pensamiento binario que nos atrapa en simplificaciones y nos hace creer en una esencia masculina que defendemos.

El psicoanálisis es praxis que puede ofrecernos herramientas para develar el exceso de naturalidad y obviedad asignado a lo masculino. ¿Es realmente tan natural eso que llamamos masculinidad? ¿Qué la inviste de tanto valor que se hace cualquier cosa con tal de no perderla? Hablamos de un valor económico, moral y estético de la masculinidad en el contexto de relaciones de poder, que es correlativo a la angustiosa amenaza de perderla si no se demuestra poseerla.

La masculinidad (así como la feminidad) no es algo que viene dado por el sexo biológico con el que se nace, se realiza en la vivencia del individuo por una construcción subjetiva que supone una atribución simbólica inscrita en la cultura, no existe una esencia del ser masculino que el hombre individual expresa. La carencia de ese ser es el vacío sobre el que se construye la masculinidad, las subjetividades masculinas expresan diversos modos de defensa frente a ese vacío, son modos de obturar una carencia de ser. Hay mandatos culturales que dictan cómo debe ser el hombre, pero no hay individuo masculino que se adecúe al tipo ideal que postula la cultura. Ante esta brecha, una gran cantidad de hombres opta inconscientemente por el afán angustioso de llenarla con insignias de poder, posesiones fálicas, excesos, riesgos y hasta con la propia muerte.

Desde una aproximación que evidencie la carencia de ser en la construcción subjetiva de la masculinidad, podemos redimensionar la pregunta ¿qué significa ser hombre?

 

2 comentarios to “Carencia en espera de subjetivación”

  1. yami said

    Antonio, cuando dices “Hay mandatos culturales que dictan cómo debe ser el hombre, pero no hay individuo masculino que se adecúe al tipo ideal que postula la cultura” . ¿A qué te refieres?,
    (porque si pienso en lo “individual masculino” es por los mismos mandatos “culturales” que esto cultural se vuelve metonimia de lo que refleja. Será por lo que dice Lacan en ese epígrafe.. ufff No sé me quedo corta, pero por ahí voy.

    • El sujeto se identifica a los elementos que aporta lo simbólico y lo imaginario de la cultura, pero la subjetividad no se reduce a la identidad, el sujeto del inconsciente está por fuera del yo en el que el individuo se reconoce. La metonimia es pertinente aquí, en la identificación se toma una parte por el todo, pero queda un resto siempre. Entre lo real del sujeto y los ideales a los que se identifica hay siempre una distancia de la que se deriva tensión y conflicto. Desarrollaré estos temas en las próximas dos publicaciones

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