Revés de la masculinidad

Una aproximación psicoanalítica a la construcción subjetiva de lo masculino

  • La construcción subjetiva de lo masculino, tanto para los hombres como para las mujeres,

    ... lo que encubre, sus discontinuidades y ambigüedades, su complejidad y sus carencias como formulación acerca del ser. Tras la pretendida naturalidad de una supuesta esencia masculina están las brechas entre las realidades subjetivas y los estereotipos culturales, las cuales se traducen en tensión, desencuentro, conflicto, vacío existencial y patología. Abordamos el revés de la masculinidad, entendido como su reverso y también como su fracaso.
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Escenario de vidas detenidas

Posted by Antonio Pignatiello Megliola en junio 21, 2011

La semana pasada en El Rodeo

En la cárcel de El Rodeo se inició hace más de una semana una batalla que involucra a reclusos y guardias nacionales, poniendo al desnudo la institucionalización de la violencia en una población cautiva del tráfico de armas, drogas y vidas humanas. El problema no se reduce a la acción de  unos “líderes negativos”, es todo un sistema alimentado con odio, exclusión y desprecio por la condición humana. Reclusos provistos de armas y drogas, custodios civiles y militares que las proveen, todos engranados en jerarquías puertas adentro y puertas afuera, que se legitiman entre sí para el control de un territorio en el que la ley la dicta el abuso de poder. Reclusos y guardias nacionales son dos caras de un mismo sistema de prácticas, relaciones, discursos y subjetividades articuladas por la violencia y el poder: el sistema penitenciario venezolano.

Quien ingresa como recluso en una cárcel venezolana pierde, junto con la libertad, todos sus derechos humanos. La vida, la salud, la expresión del pensamiento, la alimentación quedan sujetos a las decisiones de quienes ejercen el poder en la institución penitenciaria, sean éstos funcionarios o reclusos. Cualquier derecho humano es convertido en objeto por el que se paga un alto precio.

El lugar donde supuestamente se ejerce la justicia y se penaliza la transgresión de la ley es, en realidad, el imperio de la ausencia de ley donde todo abuso es posible. El orden lo impone, por una parte, la arbitrariedad del funcionario que saca dividendo del miedo de reclusos y familiares, por la otra la jerarquía de las mafias que controlan el uso del espacio, la distribución de drogas, el ingreso y manejo de armas dentro del penal. Los individuos asumen el código que ordena la vida cotidiana, se alienan y disciplinan alrededor de él.

Tal como lo expresan los reclusos, la cárcel es un lugar de “muertos que caminan”, entrar es estar muerto, no hay límite para lo que ocurre adentro. Se habla de psicopatía en los reclusos, pero se invisibiliza la psicopatía del sistema mismo.

Con acierto se ha planteado que confluyen muchos factores y responsabilidades en la producción de esta realidad. Se ha planteado que el problema de fondo es el fracaso de la cárcel misma y del sistema penal que en ella se basa. Nuestra propuesta es releer la realidad carcelaria como lugar donde se ejercen y reproducen modos de vivir la masculinidad. La construcción social y subjetiva de masculinidades ligadas a la violencia y el ejercicio del poder interviene en la producción de la cotidianidad del preso, legitima sus prácticas, naturaliza los abusos de los que es víctima y victimario. Tengamos en cuenta también que la cárcel es fuente de formas de relación y referentes simbólicos que se integran a lo masculino en diversos ámbitos de la sociedad.

Esta perspectiva  no consiste en proponer un factor más o una variable explicativa. El género es una categoría de análisis que atraviesa todos los factores, contribuye a identificar por qué muchas de las “soluciones” ensayadas terminan produciendo más de lo mismo.

Si entendemos la violencia carcelaria como enfermedad que no es sólo de una población recluida, sino de toda la sociedad y particularmente del Estado, es preciso agregar también que es patología basada en el género.

La violencia masculina que se expresa y se cultiva en las cárceles venezolanas es continuidad de la que se vive en otros ámbitos sociales. Entre lo que pasa en la calle, el hogar, la escuela o el trabajo y lo que ocurre en la cárcel no hay un salto cualitativo, sólo son resultados distintos de los mismos procesos que legitiman, naturalizan e invisibilizan el ejercicio de la violencia en la vivencia de la masculinidad. La violencia carcelaria es patriarcal y falocrática.

La cárcel no rehabilita, es lugar donde se hacen hombres cuya ley es el respeto al poder del varón que ejerce la violencia, no le teme a sus consecuencias y tiene acceso a los instrumentos para ejercerla. En ella se llevan al extremo aquellos ideales, significados, fantasías que le dan contenido  a la masculinidad en la cultura. El medio carcelario lleva hasta la tragedia y la comedia las relaciones de hegemonía, subordinación, complicidad y marginación entre hombres.

Además de ser venezolanos y usar las mismas armas, reclusos y guardias nacionales comparten significados que rigen sus identidades de hombres, entre otros, aquellos que se vinculan al prototipo del hombre de armas, el guerrero que realiza su virilidad heroica en el campo de batalla. La cárcel aporta un escenario más para este personaje que marca nuestra historia como país. El preso heroico es una figura que atrapa la fantasía de muchos hombres, particularmente la de muchos jóvenes que viven en condiciones de pobreza, exclusión y violencia en los barrios de nuestras ciudades. Muchos políticos piensan que la violencia es un problema cíclico de las cárceles, debido a la natural lucha por la prevalencia del más fuerte, en ello nos dan, de paso, un ejemplo de proyección.

La cárcel es escenario de vidas detenidas en un modo de realizar la masculinidad. La violencia carcelaria es un aspecto del fracaso de la masculinidad nacional.

  

5 comentarios to “Escenario de vidas detenidas”

  1. María Kolanowski said

    Este artículo fue para mi tan impactante, que no tengo ánimo para hacer ningún comentario, al menos no por ahora. Esa mezcla de poder y violencia en las cárceles masculinas, me hacen sentir miedo.
    Antonio, tienes reflexiones realmente profundas…
    Gracias
    María Kolanowski

  2. Nancy Méndez said

    Excelente artículo para pensar y accionar. ¿Qué podemos hacer?. Si no reflexionamos, nos quedamos detenidos , como la vida en las cárceles y dentro de pocos días olvidaremos el tema y no pasará nada hasta la próxima detonación. Saludos, Nanacy

  3. Mari said

    Esto de “donde todo abuso es posible” tambien nos lo puede mostrar el siguiente articulo que comparto, definitivamente lo que hay de por medio es un tema de poder, entre otros claro esta.

    http://www.reportero24.com/2011/06/nyt-en-venezuela-una-prision-es-un-paraiso/

    Saludos
    M

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