Revés de la masculinidad

Una aproximación psicoanalítica a la construcción subjetiva de lo masculino

  • La construcción subjetiva de lo masculino, tanto para los hombres como para las mujeres,

    ... lo que encubre, sus discontinuidades y ambigüedades, su complejidad y sus carencias como formulación acerca del ser. Tras la pretendida naturalidad de una supuesta esencia masculina están las brechas entre las realidades subjetivas y los estereotipos culturales, las cuales se traducen en tensión, desencuentro, conflicto, vacío existencial y patología. Abordamos el revés de la masculinidad, entendido como su reverso y también como su fracaso.
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Cosas que imaginan los poderosos

Posted by Antonio Pignatiello Megliola en abril 24, 2012

Los celos pueden estar presentes en las relaciones humanas, quien los siente desconfía, vigila, teme ser privado por otro de la posesión sobre un afecto o bien. En el contexto de las relaciones de pareja pueden convertirse en algo recurrente, obsesivo o incluso delirante. Se vuelven problema, sufrimiento y daño para la persona que es objeto de persecución, acusaciones y agresiones por supuestas infidelidades cometidas.

Mujeres y hombres pueden sentir celos, pero hay un trato diferencial que se le da al asunto de acuerdo al género de la persona celosa. Cuando es una mujer que cela a un hombre, suele desaprobarse su conducta como inadecuada y se le tilda de mala, loca, histérica o cuaima. Pero cuando es un hombre el celoso, lo más probable es que ocurra algo distinto, se le considera alguien de carácter fuerte que cuida lo suyo, que se está haciendo respetar como hombre ante conductas inadecuadas de su mujer. Ésta comienza a recriminarse, a elucubrar qué es lo que está haciendo mal, se impone restricciones en sus relaciones sociales o familiares. Tolera la situación a pesar del absurdo porque alberga la creencia de que tantos celos son signos de la intensidad del amor que le profesan, si tanto la cela es porque mucho la ama.

Como resultado se aceptan una serie de prácticas dañinas hacia a la pareja, haciendo invisible la violencia implicada en ellas. Se ve como algo muy natural que un hombre se enfurezca acusando de infidelidad a “sumujer”, se asume que su conducta responde al legítimo derecho de defender lo suyo y expresar una pasión respetable. La obsesión posesiva se esconde detrás del uso de la violencia, la pareja es objeto de amenazas, acoso, insultos, restricción de su libertad o agresiones físicas que pueden llegar al feminicidio. Lo que constituye una perturbación del pensamiento y las emociones, un síntoma de angustia, es asimilado al yo como una manera de ser de la que obtiene beneficios, que define su carácter de hombre de respeto. Esto ocurre en el marco de la desigualdad en las relaciones de poder entre hombres y mujeres.

En el artículo “Eso que se ve tan natural” hablamos de como la primacía otorgada al falo implica una posición de poder con respecto a la actividad sexual. Consideremos ahora la incidencia del poder en los vínculos sexuales masculinos, los significados atribuidos a la pareja y la relación que con ella se establece. Hay formaciones sintomáticas asumidas como comportamientos normales que encubren usos del poder y un mal trato implícito que se le imponen a la pareja desde una posición de hegemonía. En el caso de los celos, lo que tiene carácter de síntoma no es el sentimiento, sino el conjunto de prácticas que a su alrededor se tejen.

Desde esa perspectiva revisemos cómo son concebidas las mujeres en las subjetividades masculinas. Para quienes responden al mandato de demostrar potencia sexual, las mujeres son objetos de conquista, trofeos de colección. Además de esa, existen otras visiones que cosifican a las mujeres, las degradan y las conciben como objetos de apropiación y dominio.

Una forma de cosificación es la que reduce las mujeres a la condición de objeto parcial, fragmentos corporales que despiertan atracción, la mujer es vista como portadora de atributos físicos valorados como fetiches sexuales. Una versión extrema pero muy difundida de esta cosificación, se expresa en la denominación “culos” con la que muchos hombres se refieren en Venezuela a las mujeres de sus aventuras sexuales. Así se pueden escuchar cosas como “ayer salimos con unos culos”, “nos encontramos unos culos en la rumba”, “vamos a buscar unos culos”, “ando con un culo en la camioneta”.

Lo anterior corresponde a la imagen de una mujer fácil de baja condición, pero la cosificación tiene otra vertiente asociada a una imagen de mujer aparentemente idealizada: la figura materna. Muchos son los hombres que no ven en su pareja más que una madre, la que cuida a sus hijos y los cuida a ellos. Aquí se trata de una mujer valorada como objeto de dominio y servicio de acuerdo a los roles de género, la que hace lo que le toca, cuida y atiende las necesidades del hombre. Podemos verla en aquellos vínculos de pareja en los cuales el afecto está condicionado a que la mujer se someta y subordine al hombre. Una fantasía muy popular reúne un poco de todas las imágenes anteriores: una mujer perfecta salida de una botella sin otra voluntad que la de complacer todos los deseos de su hombre.

Tales formas de concebir a las mujeres se convierten en barreras para llegar a relacionarse con ellas, las mujeres reales quedan para muchos hombres como un continente desconocido y misterioso al que no logran aproximarse. En lo inconsciente se mantienen apegados a una visión de la feminidad como algo inferior, incompleto, que carece de lo que tiene un hombre, y a la vez como algo oscuro, amenazante que toca aspectos reprimidos de la propia subjetividad. El vínculo con las mujeres se ve afectado por un rechazo inconsciente a la feminidad en el que se mezclan el desprecio y la angustia. El ejercicio del poder se presta para encubrir esa dificultad, crea una ilusión de dominio autosuficiente que defiende de la angustia.

El manejo del poder crea barreras para la relación de pareja en quienes asumen que ser hombre implica ejercer dominio sobre las mujeres, ya que eso les produce dificultades para la negociación, la solidaridad, la aceptación de diferencias que requiere el vínculo amoroso. Les cuesta ver a la pareja como una persona que siente, piensa y desea por sí misma. En otros casos vemos hombres cuya dificultad es mantener un compromiso amoroso, porque en el inconsciente lo viven como amenaza a una posición de control sobre la pareja y sobre las propias emociones. El sujeto se encuentra atrapado en un conflicto entre el poder y el amor al que percibe como vulnerabilidad, esto puede llevar a algunos a obsesionarse con la posesión y la anulación de la pareja como prácticas de poder que soslayan la dimensión del deseo y la del amor.

El uso naturalizado del poder contra las mujeres está en la base de la violencia masculina en la pareja. En ella el rechazo a la feminidad llega al extremo de la destrucción física y psicológica de la mujer. Es común interrogar y sospechar patologías en las mujeres que denuncian la violencia de sus parejas, así como también omitir las preguntas acerca de la subjetividad de los agresores, de las posiciones subjetivas que los hace proclives a repetir compulsivamente patrones de violencia.

Un lugar común muy difundido es el que define la violencia masculina como un problema en el manejo de la ira. Los maltratadores son los principales partidarios de este punto de vista ya que concuerda con excusas tales como “fue un impulso”, “lo que pasa es que ella me hace perder el control” o “no sé cómo pudo pasar”. Si nos quedamos sólo con ese lado del asunto caemos en el engaño simplista de “resolver” el problema ayudando al agresor a controlar su ira con mensajes por el estilo de “toma una pausa, deja que la ira pase, qué sencillo es no pegarle a tu mujer”.

La ira no es la causa del problema sino una expresión más del mismo, es necesario plantearse de dónde sale, por qué se considera normal sentirla hacia la pareja, qué tensión interna es la que emerge a través de ella pero se encubre con agresión. El maltratador suele culpabilizar a la pareja percibiéndola como fuente de amenazas de las que tiene que defenderse con violencia. Esto es por una parte una racionalización sustentada en el uso del poder contra la mujer, pero en muchos casos es también resultado de procesos defensivos: se usa el ataque a la pareja para encubrir y evadir un asunto inconsciente del propio sujeto. Por medio del ejercicio del poder, se somete a la mujer a la violencia para acallar un conflicto psíquico angustiante y rechazado.

La violencia de los hombres que maltratan a sus parejas no es un evento aislado, es un síntoma en el cual se tejen referentes de la cultura con los procesos inconscientes, en el que se encubren las contradicciones, tropiezos y malestares de quienes viven aferrados a la hegemonía en el poder. El ejercicio naturalizado de la violencia aporta una ficticia ganancia de seguridad, control y dominio pero bajo esa superficie están los elevados costos que pagan los mismos que la ejercen. Van en esa cuenta la pérdida de vínculos personales, el deterioro de la salud física, la angustia sin salida, la sombría depresión, la soledad y el vacío existencial.

17 comentarios to “Cosas que imaginan los poderosos”

  1. Antonio, mis reverencias. Aplaudo tu manera inteligente y clara de hacernos llegar al meollo del asunto …

  2. Giancarlos Reyes said

    Apenas comienzo a leer tus columnas y me parece muy interesante lo que escribes, con respecto a esta publicación debo preguntar ¿Y qué pasa con las mujeres, sobre todo venezolanas, que quieren a un macho dominante al lado?, creo que en nuestra sociedad ya existe el inconsciente colectivo de que el hombre debe ser el dominante y la mujer sumisa, no estoy de acuerdo con esto pero es común ver a mujeres con hombres buenos y como se aburren de ellos porque no son dominantes. Creo en la igualdad de género pero hasta que ese inconsciente colectivo no cambie, no podremos tener los mismos derechos y deberes.

    • Hola Giancarlos. Es un valioso y acertado comentario el que haces. Concuerdo contigo, nada hacemos sólo con cambios en lo externo e ideológico, hacen falta los procesos de cambio en las subjetividades, tanto de hombres como mujeres.
      Por otra parte, tienes razón en cuanto a los roles de ambos géneros, el poder se constituye en relaciones, en ellas está el rol de quien se apropia del poder y el de quien lo cede y promueve un otro que lo detenta. En próximas publicaciones trataré con más detalle este tema.
      Gracias por tu interés en estos temas

  3. Mariela Ferraro said

    Gracias por seguir con su estupenda labor pedagógica aun fuera de las aulas!!

  4. Me parece que tu artículo condensa la esencia de la violencia, entendiéndola como un conjunto de significados entramados dentro del tejido social, por lo que son transmitidos de unos a otros y son portados tanto por hombres como mujeres. Las asimetrías del poder establecidas en las relaciones sostienen y son medio de expresión del síntoma, como bien lo mencionas. Y esto no se queda en las relaciones de pareja, sino que se extiende en cualquier tipo de relación donde uno se aferre a creer que tiene más poder que otro. En mi experiencia dentro del trabajo con niños observo cómo los padres en la angustia que le genera la incapacidad de relacionarse satisfactoriamente con sus hijos se valen de esta asimetría de poder para conseguir “disciplina y respeto” por medio de la violencia, lo que deviene en sufrimiento familiar y pérdida de vínculos reales, quintándole al niño la posibilidad de ser dotado de la capacidad de intimar y confiar.

    • Gracias por tu comentario. Concuerdo contigo, la violencia puede entrar a formar parte de cualquier relación en la que exista una disimetría de poder. Esto se puede ver en las relaciones de los padres con los hijos, así como en las de docentes con alumnos en todos los niveles de educación, las de médicos y psicólogos con pacientes, religiosos con feligreses, jefes con personal a su cargo.
      Te invito a continuar participando en este espacio

  5. Nakary said

    Felicitaciones, excelente artículo, que comparto plenamente. Realmente los celos son utilizados por el agresor como instrumento para justificar el uso de la violencia física o psicológica, no es el motivo, es mas bien el medio del que se vale, de lo cual se deriva el afán de poder sobre la pareja que, tal y como usted dice, es percibida como objeto y no como un ser individual, que merece respeto y consideración. Sin embargo, la pregunta es: ¿Qué hacemos con el agresor?
    Una vez que se ha instaurado la dinámica de la violencia entre una pareja, mejor conocida como ciclo de la violencia, en el caso de que la mujer comprenda que su elección de pareja no fue por azar y que hay un vinculo profundamente narcisista entre ambos, la terapia puede ser efectiva, pero no parece ser así en los hombres que desempeñan el rol de agresor. Por lo tanto, la única solución plausible para la mujer es denunciar y romper definitivamente con la relación. Es lamentable, pero la violencia utilizada como medio de perpetrara el poder y la hegemonía masculina es tan intrínseca que aquellos que la detentan difícilmente podrán salir de ese laberinto…

    • Gracias Nakary por tu comentario.
      Tu pregunta sobre qué hacer con el agresor tiene varios aspectos a considerar, también dependiendo de quién se hace la pregunta. En el caso de que sea la mujer maltratada la que se hace esa pregunta, ya tu señalas que en muchos casos no hay otra opción que la denuncia, pero hay que saber también que la denuncia por sí sola no resuelve el problema. En muchos casos es importante que la mujer maltratada acepte que ella no puede cambiar al agresor, ya que muchas mujeres que sufren maltrato se mantienen en la relación con la expectativa frustrada de que en algún momento ellas lograrán hacer algo para que el cambie. Los hombres violentos pueden cambiar pero a condición de que asuman que tienen un problema, que son responsables de él y del daño que producen, ese es el primer paso para buscar ayuda y recibir tratamiento en el que puedan hacer profundos cambios subjetivos y no simplemente ajustes conductuales para aparentar que está todo bien.
      Este es un tema que retomaré en próximas publicaciones del blog.

      • Nakary said

        Gracias por su comentario, me refería al rol del terapeuta, porque me parece muy difícil que un agresor cambie, en principio, porque la investigación relacionada con la violencia doméstica parece muy vinculada al feminismo, por lo que aún no he podido encontrar estudios o publicaciones que respalden que es posible realizar un trabajo terapéutico efectivo con los hombres que ejercen la violencia, como medio de mantener su rol de supremacía ante la mujer. Por lo visto, será necesario esperar a que escriba acerca de esta inquietud…

  6. Vanessa Pantoja said

    Excelente articulo, no habia tenido oportunidad de leerlo hasta ahora, no solo me permiite tener más recursos para trabajar con las mujeres victimas de violencia de género, sino que tambien me permite a mi verme como mujer desde otra perspectiva, una que en algunos momentos olvidamos. A veces por darle valor y naturalizar las conductas de los hombres nos encontramos hablando como ellos.

  7. Nakary said

    Buenos días, su artículo me hizo recordar como Melanie Klein señala que la ira que subyace en agresores se deriva de la escisión permanente de la madre en “pecho bueno” (madre amorosa y complaciente) y “pecho malo” (madre abandonante y frustrante) lo cual es producto de la necesidad que tiene el sujeto de protegerse de la frustración ante el hecho que la madre no siempre está a su entera disposición. Esta escisión permanente y no superada del objeto, hace que el sujeto también sea escindido, hecho por el cual muchas mujeres en situación de violencia refieren que su pareja parece ser dos personas en una sola, a veces tierno y amoroso, otras veces irascible y cruel. Asimismo, la escisión de la figura materna se proyectará a futuro escindiendo a la mujer como la madre que provee cariño y protección y la prostituta que está presta a ser infiel, a la cual es necesario celar, y con ese pretexto, destruir, en muchos casos. Es por ello que la dependencia es mutua. Porque una parte de la mujer (prostituta) es rechazada y la otra (madre) es necesitada con vehemencia. Tal y como usted menciona, hay un discurso que proviene del inconsciente del individuo, un discurso en el cual es débil y responsable del maltrato que sufrió en muchos casos de la figura paterna que trata desesperadamente de asemejar, una figura paterna amenazante que le culpa por todos los maltratos recibidos. En una sociedad que glorifica el predominio del hombre sobre la mujer es fácil proyectar la culpa en la pareja, sin percatarse que es la ira contra la agresión sufrida la que realmente perturba el funcionamiento del individuo.

  8. globalist1 said

    Espera un momento, hombres controlan a mujeres con provision de bienes y servicios a ellas. Cuando un hombre para de proveer, su control sobre ella para. Ella se pone incontrolable. Ella lo deja. Aun si el hombre le ha proporcionado millones de cosas de lujo a ella, ella lo deja el momento cuando el para de proveer.
    ?Y como mujeres controlan a hombres?
    1)Con emociones conmovientes (Porque hombres son sensitivos. Pero el no puede utilizar emociones para controlar a ella, porque mujeres son insensitivas)
    2)Con invocacion de principios morales (pero el no puede controlar a ella con principios morales, porque ella no tiene principios morales)
    3)Con sexo (pero el no puede controlar a ella asi, porque sexo no tiene valor per se por ella, solo como instrumento de explotacion)
    3) Con sus hijos
    5)Con violencia (ella tiene monopolio de la violencia. Antes ella apuntaba a un aldeano, ahora llama a la policia.
    Globalist1, Niagara Falls

    • Nakary said

      Me parece un comentario machista y profundamente misógino, debido a que se pretende culpabilizar a las mujeres, proyectando la propia violencia en la mujer. Ahora somos nosotras las que maltratamos a nuestros hijos, manipulamos a los hombres a través de su sensibilidad porque no tenemos sentmientos, incluso se nos niega la capacidad de disfrutar del placer sexual. Respondo: somos seres humanos capaces de sentir, disfrutar del acto sexual, y, en términos generales, los niños disfrutan más de nuestro apoyo que de sus padres, porque muchos hombres proveen para no asumir otro tipo de responsabilidades como amar y respetar a su compañera sentimental o cuidar de los hijos, porque aún cuando usted no lo sabe, el cuidado de los niños debe ser compartido por la pareja. Por otra parte, eso de proveer es un engaño: hay mujeres económicamente independientes que toleran la violencia física y psicológica, porque la dependencia hacia la pareja es emocional, no económica. Le invito a que se instruya antes de escribir semejantes comentarios y a recordar que usted no fue gestado por una yegua, sino por una mujer

  9. globalist1 said

    Le ofresco la recompensa de $ 100,000 para su idea donde se puede hallar una mujer que se pueda explotar, para que ella trabaje para mi, o manda dinero a mi, y yo la controlo con emociones y con hijos. Tenememos millon mexicanos que mandan dinero a sus esposas, pero, probablemente, no hay una que mande a su esposo. Todas mexicanas que conosco aqui son divorciadas o solteras.
    Posiblemente una feminista traidora, atraida por mi recompensa, va a divulgar donde se pueden encontrar las mujeres explotables, mencionadas en 10,000 libros delgados en cada libreria feminista.

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