Revés de la masculinidad

Una aproximación psicoanalítica a la construcción subjetiva de lo masculino

  • La construcción subjetiva de lo masculino, tanto para los hombres como para las mujeres,

    ... lo que encubre, sus discontinuidades y ambigüedades, su complejidad y sus carencias como formulación acerca del ser. Tras la pretendida naturalidad de una supuesta esencia masculina están las brechas entre las realidades subjetivas y los estereotipos culturales, las cuales se traducen en tensión, desencuentro, conflicto, vacío existencial y patología. Abordamos el revés de la masculinidad, entendido como su reverso y también como su fracaso.
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Atreverse a salir de la fila

Posted by Antonio Pignatiello Megliola en mayo 22, 2012

Los héroes son todos jóvenes y bellos1, son siempre iguales a sí mismos, nunca cambian. Los héroes son una imagen congelada, bien sea que hablemos de los súper héroes de los cómics, de los guerreros homéricos o de los próceres de la nacionalidad. Aquiles murió joven, tenía otra opción lo sabía, pero eligió alcanzar la gloria en batalla. En la imagen de Bolívar no tiene cabida el deterioro que sufre el cuerpo de un hombre expuesto por casi veinte años a la intemperie de la guerra. Ésta no embellece a nadie, pero la pintan distinto en los relatos épicos, en los cuadros o en las películas.

Los héroes no cambian y una manera de realizar ese designio es con una muerte temprana. A ese dudoso honor de hombres armados sacrifican su vida muchos jóvenes que culminan con la muerte una breve carrera delincuencial.

Los héroes son solteros, libres, no atienden bebés, no necesitan cuidados porque flaquea la salud, no sufren, no tienen ninguna vivencia que los baje del pedestal en el que han sido encumbrados. Son una imagen fija, refractaria al cambio y al devenir.

En las sociedades de hace cien años, cuando la expectativa media de vida apenas llegaba a los 40 años, tal vez se notaban menos los cambios a lo largo del ciclo vital, pero hoy cuando esa expectativa se ha duplicado, tenemos la vida real en la que los hombres pasan por varios lugares de trabajo, éxitos, fracasos, uniones, separaciones, pérdidas, diferentes relaciones, pertenencia a varios núcleos familiares, variaciones en su respuesta sexual, emocional, en su salud o en sus motivaciones para vivir.

Pero la masculinidad construida sobre la base de la imagen de privilegio, superioridad y omnipotencia, se impone como muralla imaginaria contra el devenir, la transformación y el paso del tiempo. Cuando se cree haber alcanzado una manera de ser todounhombre, cualquier cambio en el guión parece una amenaza. Así tenemos hombres que viven la paternidad como una pérdida, otros que les espanta no estar disponibles para cualquier mujer si le son fieles a una, aquellos que se derrumban cuando una alteración de su situación laboral les hace sentir que no son proveedores o los que se aferran a conductas de reafirmación viril porque no quieren reconocer que envejecen. La vida da oportunidades para captar que las cosas no ocurren de acuerdo al guión señalado, sin embargo muchas subjetividades masculinas alzan defensas que impiden aprovechar esas oportunidades.

Las tribulaciones, peripecias y derrotas del caballero de la triste figura pueden ayudarnos a ver las implicaciones de usar vestiduras anacrónicas para hacerse hombre. Una construcción fantaseada en la cual el sujeto asume cabalgaduras, trajes y comportamientos que remiten a un pasado idealizado. Se usa ese pasado para legitimar la masculinidad emulando figuras de la historia familiar o social. ¿Hombres? Los de antes, esos sí eran, toca entonces parecerse o acercarse a ellos.

Cuando la vida se encuentra regida por el imperativo de mantenerse idéntico a un ideal de masculinidad, se experimentan grandes dificultades para emprender o aceptar cambios. Se vive así apegado a un  tiempo lineal, el futuro se ve como la prolongación de un instante actual definido por una imagen pretérita. Ese tiempo psíquico estático entra en conflicto con el devenir, los ciclos y el cambio incesante de la vida real, impide encontrar formas de vivir con menos malestar y más satisfacción.

Una masculinidad basada en la potencia fálica, el ejercicio del poder y la identificación a ideales de superioridad, supone el rechazo de aquellos aspectos de la subjetividad que entran en contradicción con esos referentes. Pero lo que fue rechazado en el sujeto sigue ahí, sigue siendo parte de él. Esto se puede convertir en una presencia inquietante, una fuente de conflictos, procesos defensivos y formación de sustitutos que hacen daño, pero se aprende a vivir con eso, a considerarlo natural e incluso a obtener ganancias de ello. El sujeto queda detenido en un tiempo pasado, convierte en algo fijo y naturalizado la solución fallida que se le dio a un asunto en un momento temprano de la vida. Aunque hayan caducado las condiciones que les dieron origen, los síntomas se mantienen en el tiempo sin modificarse.

Tal modo de vida es exitoso sólo en apariencia, en realidad pasa por crisis que pueden presentarse como ataques de pánico, episodios de violencia, accidentes por conductas riesgosas, consumo de drogas, ruptura de vínculos interpersonales o deterioro de la salud física. El individuo atribuye a la fatalidad o la mala fortuna las consecuencias de procesos que lo involucran pero desconoce, el cuerpo o los eventos externos hacen patente un malestar psíquico no reconocido.

Adentrarse en los procesos subjetivos abre caminos para el cambio, ayuda a superar la inmovilidad y la repetición compulsiva. Hay otras opciones, es posible el movimiento hacia nuevas realidades subjetivas si abandonamos la creencia de que los hombres son básicos y simples por naturaleza. También si tenemos en cuenta que lo masculino no se hace sólo aprendiendo conductas dadas por el entorno, decir que las subjetividades masculinas se conforman alrededor de las creencias y mandatos de un modelo hegemónico es sólo una parte del asunto. La subjetividad individual reproduce ese modelo, pero es mucho más que eso, abarca realidades inconscientes que perviven en el sujeto a pesar de estar en contradicción con los mandatos asumidos.

No todos los hombres definen su subjetividad por los patrones hegemónicos de masculinidad, no todo en las subjetividades masculinas responde a esos patrones. En ese no todo estriba una oportunidad de hacer la diferencia. Cada hombre tiene la opción de reconocer en su historia lo que ha marcado su masculinidad, de reconocerse como sujeto de los procesos inconscientes que la han conformado. Esto abre la posibilidad de concebir otras opciones válidas para cada uno y hacer elecciones en base a las mismas. Abre la posibilidad del cambio hacia otras maneras de vivir la masculinidad sin ataduras al ejercicio del poder, el privilegio o la violencia.

Poco hacemos con cambios culturales o políticos si todo sigue igual en la subjetividad. Tampoco nos ayudan las visiones moralistas o voluntaristas que conciben el cambio como la imposición de un deber ser, un ideal de ser mejores hombres que termina siendo sólo apariencia porque soslaya lo que ocurre en la realidad del sujeto. Los cambios impuestos sólo producen obediencia aparente y resistencia encubierta. Postular una masculinidad que sustituya la anterior, un hombre nuevo del siglo XXI, no sería más que actualizar el modelo hegemónico vigente y tendría implicaciones autoritarias.

Un cambio sería lograr trascender el asunto de ser o no ser hombre como referente central en la construcción de la subjetividad. Preguntarse por qué importa tanto ese asunto. En lugar de seguir preguntándose acerca de cómo ser más o mejor hombre,  llegar a plantear ¿cómo lograr que hacerse hombre deje de ser obstáculo al movimiento en la subjetividad?

Podemos también cuestionar la idea de la masculinidad como referente unitario, no vemos el cambio como la sustitución de un patrón hegemónico por otro. Tampoco buscamos héroes, de esos ya hemos tenido bastantes. Hace falta superar la unidimensionalidad, el pensamiento único, la identidad disciplinada y uniformada, para que no haya una sola forma de ser hombre, sino todas las posibles. Que tenga legitimidad la diferencia, la particularidad de cada uno en su manera de vivir y darle sentido a lo masculino, que todas esas posibilidades las vivan muchos individuos, pero que también puedan ser opciones para un mismo individuo en los diferentes lugares y momentos de su vida.

Fluir por diferentes experiencias y roles, en la calle, en el trabajo, pero también en la crianza de los hijos o en labores domésticas. Ser atendido y cuidado, pero también ser capaz de atender, cuidar a otros y sentir satisfacción en ello. Enterarse y experimentar que además de la ira existe un amplio espectro de emociones que se pueden sentir, nombrar, expresar y tomarlas como referente para la vida de todos los días. Atreverse a usar la empatía para ver al mundo y a sí mismo también desde un punto de vista femenino.

 

Nota

1.- “Gli eroi son tutti giovani e belli”, verso de la canción de Francesco Guccini La locomotiva

14 comentarios to “Atreverse a salir de la fila”

  1. Ana Emilia Mejías Infante said

    Gracias Antonio por esta reflexión tan completa sobre la masculinidad anacrónica y sus desencuentros con la subjetividad!, me será muy útil con algunos pacientes jóvenes y no tan jóvenes, que empiezan a sufrir las contradicciones del mundo contemporáneo con las imágenes y estereotipos sociales sobre “el ser un hombre”.

  2. Nancy Mendez said

    Excelentes tus artículos Antonio. Mueven a la reflexión. Gracias

  3. Ariadna Silva said

    A raíz de este artículo se me vino a la mente la concepción que manejan muchas mujeres acerca de las conductas “heroicas” que debe tener un “verdadero hombre”, de modo que solo son atractivos aquellos que constantemente se arriesgan o que no muestran miedo ante nada. De acuerdo a esto, entonces un hombre que exprese algún temor ya ve comprometida su imagen y es así como en muchos jóvenes se ven comportamientos que les traen consecuencias negativas pero una aparente “buena imagen”.

    Por otra parte, me preguntaba si esa imagen de héroe es la que algunos hombres manejan cuando terminan con un matrimonio estable por ejemplo, para buscar otra mujer que les reafirme constantemente esa importancia que desean tener y de ese modo no pierden la condición de “inmortales”. No se si me explico bien, también tuve esta reflexión mientras leía el artículo.

    Me pareció muy interesante lo relacionado a las conductas delictivas. Muy buen aporte, saludos Profesor.

    • Me parece pertinente lo que planteas porque trae a colación la manera en que las mujeres en su relación con los hombres están sujetas a los imaginarios acerca de lo masculino.
      Estoy de acuerdo contigo en lo que se refiere a conseguir “otra mujer” como una manera de reafirmación y rechazo de la falta. Al final esa “otra mujer” termina siendo la repetición de la misma. El sujeto repite creyendo que busca algo que no ha encontrado aún.
      Gracias por tu comentario

  4. Excelentes reflexiones sobre el tema. Me parece que para el hombre ha sido especialmente difícil asumir los cambios que conlleva el mundo contemporáneo, ya que hay una gran disociación entre lo que se espera de él y la serie de guiones o voces que perduran culturalmente marcando pautas rígidas, contradictorias y confusas. Te felicito por este artículo.

  5. Nakary said

    Gracias por su excelente artículo. Es muy interesante su desarrollo acerca del “héroe” como ideal masculino, socialmente impuesto como “modo de ser” o de “ver el mundo”, un ideal que no considera cosas tan importantes como la sensibilidad, el respeto o la responsabilidad. Un “héroe” merece admiración, pero es incapaz de admirar a alguien más que no sea a sí mismo, o alguien similar. Evidentemente, se refiere a un funcionamiento narcisista, en el cual el otro sólo sirve para reflejar su poder o superioridad, es casi imposible desarrollar la empatia hacia los deseos o necesidades de los demás que se transformarán más temprano que tarde en víctimas de un goce que no tiene fin. Así son los héroes, viven para su placer o su ideal. Entonces, nos encontramos con los pequeños “héroes” de las barriadas, que son los delincuentes, quienes se transforman en la verdadera autoridad, hasta que, después de cometer toda serie de iniquidades, mueren muy jóvenes, librándose de las dificultades que implica afrontar la madurez y la vejez, preparando inconscientemente todas las circunstancias para que esa muerte suceda pronto y así ser recordados como jóvenes, fuertes y poderosos

  6. gustavo lobig said

    Otro aporte excelente y nutritivo, Antonio. En verdad me enorgullece saberte en Venezuela, despertando conciencia del valor personal y desmontando creencias limitantes, incluyendo la de la imagen del político que arrasa con masas alienadas por su imagen idealizada de héroe o de papá-proveedor-defensor. Gracias en nombre de muchos.

  7. Eneiza said

    Excelente artículo, gracias Antonio por ayudarnos a pensar sobre la persona humana.

  8. Melainis said

    Saludos. Felicitaciones por este excelente blog. El revés de la masculinidad es un tema muy pertinente en el tiempo actual y coherente con la realidad social venezolana. Me llama muchísimo la atención el hecho de que esa idea fija de la masculinidad (la figura del héroe) se transmite a través del cine, el comic, los dibujos animados y los videojuegos, los cuales forman parte de la vida de muchos niños y adolescentes. Por otra parte lo femenino por lo general se presenta como un peligro, una amenaza, algo que debe evitarse. Esto no solo afecta a los varones, sino también a las mujeres que ejercen actividades asociadas al poder (por ejemplo, cargos gerenciales o políticos) y reproducen estos valores porque les parece que así debe ser porque siempre ha funcionado de esa manera y “aparentemente” ha dado buenos resultados. Incluso llegan a adoptarlos en sus relaciones de pareja y en su forma de vivir, lo cual en si mismo no es cuestionable, sin embargo surge la duda sobre si es realmente una elección o mas bien una autoimposicion para negar (rechazar) lo femenino.
    A esto hay que sumarle las tendencias reaccionarios de ciertos grupos religiosos mayoritarios como el Islam y minoritarios como las distintas variantes del protestantismo que hablan de rescatar la verdadera masculinidad con claras tendencias sexistas y retrógradas. Y en el ámbito político la imagen del militante activo, aguerrido, invencible, opuesto a un modelo decadente y anacrónico asociado con pasividad.
    Estas ventanas son una gran oportunidad para que tanto los hombres como las mujeres definan sus identidades desde otras perspectivas, mas abiertas y libres, que les permitan ser realmente felices. Gracias por su valioso aporte profesional.

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