Revés de la masculinidad

Una aproximación psicoanalítica a la construcción subjetiva de lo masculino

  • La construcción subjetiva de lo masculino, tanto para los hombres como para las mujeres,

    ... lo que encubre, sus discontinuidades y ambigüedades, su complejidad y sus carencias como formulación acerca del ser. Tras la pretendida naturalidad de una supuesta esencia masculina están las brechas entre las realidades subjetivas y los estereotipos culturales, las cuales se traducen en tensión, desencuentro, conflicto, vacío existencial y patología. Abordamos el revés de la masculinidad, entendido como su reverso y también como su fracaso.
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Habitar territorios entrañables

Posted by Antonio Pignatiello Megliola en junio 26, 2012

En el comienzo de Cien años de soledad, el coronel Aureliano Buendía evoca a su padre José Arcadio Buendía, quien fundó Macondo y una estirpe luego de dar muerte en duelo de honor a un hombre que cuestionó su virilidad. La imagen del coronel recordando la tarde en que conoció el hielo, condensa al poder, las armas y la violencia en torno a la figura paterna.

Ser padre es mucho más que aportar un espermatozoide para preñar a una mujer. La paternidad, al igual que la maternidad, es una producción cultural, en ella confluyen prácticas, roles, relaciones, mitos y tradiciones. El padre es también una producción subjetiva, un complejo inconsciente que adopta características particulares en cada individuo. Pero entre subjetividad y cultura, el calidoscopio de las imágenes paternas hace girar algunos elementos compartidos y recurrentes.

Comencemos por recordar al hombre aquel que impone la disciplina según la advertencia materna “cuando venga tu padre se lo diré y verás”. El hombre fuerte que si no está presente es porque se está ocupando de proveer el sustento o está en lo suyo fuera de casa. Un varón que se respeta, capaz de imponer el orden por medio de la violencia, cosa que se le permite y muchas veces se le demanda. Es aquel que definía una ya añeja expresión: “el que lleva los pantalones en la casa”. Hoy que los pantalones no son una prenda exclusivamente masculina, muchos hombres siguen aferrados al deber de tener el mando y muchas mujeres al ideal de que un hombre lo tenga.

Hablamos de una figura de padre sustentada en relaciones que asignan a los varones la preeminencia y superioridad sobre las mujeres y los hijos. Un dominio que llegamos a naturalizar hasta creer que no podemos prescindir de él, ni en la familia ni en la sociedad en su conjunto. Por eso son muchos los que creen, por ejemplo, que la delincuencia se podría prevenir con más autoridad de padre dentro del hogar y con mano dura del gobierno en la calle, o que la violencia escolar sería producto de que a los docentes ya no se les deja ejercer dominio sobre los alumnos. Desde tiempos bíblicos se nos viene anunciando el caos del desenfrenado libertinaje en el que nos veríamos sumidos en ausencia del patriarca.

Hemos heredado la ficción de un padre todopoderoso, figura ligada a la autoridad y el ejercicio del poder, que pervive en muchas de nuestras relaciones cotidianas y que cultivamos en nuestros complejos inconscientes. Imagen del padre derivada de la reducción de las funciones maternas y paternas a la dicotomía de dar cuidado y ejercer autoridad, términos asignados arbitrariamente a mujeres y hombres respectivamente.

El resultado es una paternidad entendida como ejercicio del poder, como hegemonía dentro de la familia. Dentro de esa imagen cabe el padre proveedor, el salvador, el arbitrario, el punitivo, el que manda incluso a distancia o en ausencia. Figura que despierta sentimientos ambivalentes, entre un amor temeroso y un odio culpable.

Nos corresponde revisar las implicaciones que tiene hacer uso del poder para darle significado a la paternidad, entre ellas tenemos el autoritarismo, la violencia, el desapego y el abandono. Un padre todopoderoso es también una figura con el permiso imaginario para el exceso, la desmesura, es uno que no tiene límite en su voluntad, un varón que aspira a gozar de privilegios. Es aquel a quien se le otorga autoridad aunque esté ausente del hogar. También es ese del cual algunos recuerdan que los trató con rudeza y piensan que eso les hizo llegar a ser lo que son, con lo cual idealizan al poder paterno y minimizan sus méritos personales.

En el inconsciente individual la figura del patriarca agrupa representaciones, experiencias, afectos, relaciones que le dan poder en la subjetividad. El sujeto le otorga omnipotencia imaginaria, tanto por medio de la idealización amorosa como por el de la amenaza terrorífica. Le da vida al patriarca en el territorio de la ensoñación, allí donde se encontraba el coronel Aureliano Buendía frente al pelotón de fusilamiento.

Esa figura temida y amada vive en el inconsciente como heredera de las creencias infantiles acerca del poder ilimitado del adulto y de la seguridad imaginaria que ellas aportan. Se rinde culto a un padre fantaseado, un ser poderoso e idealizado en el que no se quieren ver fallas o fisuras, no hay falta que descomplete su omnipotencia. Oscuramente, el sujeto se complace de admirar y sentirse bajo el cobijo de ese poder, funda en él sus ideales, sus fantasías, las normas a las que apega su vida. Su figura se desdobla en múltiples sustitutos cuyo rasgo común es el poder: jefe, líder político o religioso, doctor, profesor, policía o malandro.

Mujeres y hombres se subordinan a ese ídolo, entre las primeras encontramos los casos extremos de aquellas que se encuentran atrapadas en relaciones con parejas violentas. Entre los varones muchos son los que convierten la subordinación en identificación al patriarca, es decir hacen uso de él como referente para dar significado a su masculinidad, ser hombre es emular a ese padre en su poder.

Creer que para ser padre basta con tener poder y hacerlo valer, es una ficción que lleva a muchos hombres a tener desencuentros y dificultades en la relación con sus hijos, en la disposición para asumir lo que implica la paternidad en términos reales. La creencia de que ser padre es como ejercer un gobierno crea barreras. Muchos padres se apegan a este patrón aunque no crean en él, por temor a no ser respetados por sus hijos, otros lo hacen respondiendo a una demanda implícita o explícita de su pareja. Hay familias donde se tilda de débiles y se desvaloriza a los padres que no se imponen autoritariamente. Hay otras en donde la madre toma ese rol autoritario temiendo las supuestas consecuencias que dejaría su ausencia.

Muchos padres se prohíben a sí mismos un vínculo más cercano con sus hijos por temor a perder la autoridad, también tenemos los casos en los que, con las mejores intenciones, las madres contribuyen a que los hijos vean al padre como una figura distante y autoritaria.

Otra fuente de barreras es la ausencia de experiencias en las que los varones puedan jugar con roles de paternidad durante la niñez y la adolescencia, en contraste con las niñas en las que se promueve el jugar con muñecas y se las incluye en tareas de cuidado de otros niños. La crianza de los hijos está entre los ideales de vida que la cultura plantea para las mujeres, no es así para los hombres. Muchas mujeres se creen incompletas si no han sido madres, muy pocos varones se consideran menos hombres por no ser padres, ocurre al contrario, muchos perciben la paternidad como una pérdida porque la ven como algo que les va a impedir hacer muchas cosas de hombres. No ven en la paternidad una oportunidad de desarrollo existencial sino una amenaza a ideales de privilegio, autosuficiencia y desapego que han asociado a la masculinidad.

Los hombres hablan poco de sus vivencias como padres, hablan de deportes o de política pero casi nunca de los quehaceres con los hijos. Es un tema oculto, reprimido, dejado a un lado como vergonzoso o poco relevante. Las mujeres valoran la maternidad, han logrado cambios y han asumido nuevos roles, pero no dejan de valorarla. En cambio, el ejercicio de la paternidad sigue siendo subvalorado, invisibilizado y hasta negado por sus protagonistas.

Se ha hablado de que vivimos en nuestra época un declive de la función paterna, pero, en realidad, de lo que se trata más bien es del declive de la manera patriarcal de concebir al padre. En defensa de un patriarcado decadente surgen en la cultura ideologías nostálgicas de un viejo orden, que nos advierten del apocalipsis que se anuncia por la pérdida de autoridad paterna. La función paterna es una producción subjetiva que no depende de una ideología, aunque se asocie a ellas, puede cumplir un papel en la estructura del sujeto dentro de muy diversos contextos familiares.

Con el declive del patriarcado se abren oportunidades de desarrollo cultural y elaboración subjetiva de facetas ya existentes pero poco exploradas en los roles paternos. Es creciente la cantidad de padres que se implican emocionalmente y se comprometen con las tareas involucradas en la gestación, nacimiento, crianza y educación de hijos e hijas. Esto va más allá de un querer  adecuarse a una moda de papá moderno, responde a profundas necesidades de afecto y de vínculo familiar de los propios hombres.

Si tanto hombres como mujeres superamos nuestras ficciones imaginarias acerca de la paternidad, abrimos la posibilidad de que cualquier hombre sea capaz de asumir funciones que implican atender, criar, orientar, apoyar, contener, nutrir, limpiar, curar o acunar, como opciones válidas que enriquecen el rol paterno. Abrimos la puerta a una paternidad vivida como encuentro amoroso y creador de cultura. Esa que nos ilustra Aquiles Nazoa en su poema Pasa mi padre:

“mi dulce padre nos acogió a su pecho, un hijo a cada lado, y estábamos como debajo de un pan, bien que me acuerdo”.

18 comentarios to “Habitar territorios entrañables”

  1. Emilia said

    Antonio, excelente artículo. De inmediato recordé al protagonista de La vida es bella (Roberto Benigni 1997). “Un extraordinario cuento de amor y de afirmación de la vida, una fábula de profundo humanismo” (.The New York Times). Todo ello ocurre gracias a un padre que protege con amor,imaginación y fantasía la niñez de su hijo.

    • Gracias Emilia por tu comentario. Veo la conexión con la película de Benigni y su manera de presentar el amor incondicional como algo que viene de un padre y no sólo de una madre como usualmente se nos presenta. Creo que es importante también ver esa paternidad amorosa no sólo coma acto heróico en condiciones extremas, sino algo de podamos vivir de en lo cotidiano.

  2. Towy said

    Buenas… me parece una mirada sencilla y con calidez a ese mito de la virilidad y del autoritarismo patriarcal, en efecto, tambien me recuerda esa pelicula de La vida es Bella… Pero ademas recordo, a lo interno, justo como era la crianza de mi padre para con sus hijos y ahora, con su nieto .. es una muralla llena de amor y cariño… ese que proteje y ama .. incomesurablemente.

    • Gracias Towy por tu comentario y por compartir tu vivencia en relación a este tema. Me parece que señalas acertadamente recuerdos que muchas personas tienen acerca de cómo fue su crianza. Entiendo que te llama la atención lo diferente que ha sido tu padre con tu nieto en cuanto a permitirse vivir esa relación desde el cariño, dejando a un lado el semblante de la autoridad. Le ocurre a muchas personas, con sus hijos son rígidos, normativos o autoritarios en parte porque se sienten exigidos por un deber ser así, ligado a los imaginarios de los que hablé en el artículo, luego con los nietos “se dan el permiso” de asumir otra posición. Creo que entre otras cosas esto muestra que se podemos encontrar modos alternativos de ejercer la función paterna.

  3. Sileny Hernandez said

    Excelente articulo que me hace reflexionar y abrir mas mi mente a otra forma de ver la La paternidad. Realmente tenía un concepto muy estrecho y esto me hace abrir mi mente a uno con menos prejuicios. Gracias Tony

  4. buenas acabo de enterarme de tu web y la verdad es que me parece muy bueno no sabia de mas personas interesadas en estos temas, aqui tienes un nuevo lector que seguira visitandote quincenalmente.

  5. Nakary said

    Buenas tardes, es un excelente artículo. Tal y como dice, la paternidad está vinculada a una serie de significados socialmente condicionados e impuestos, es así que padre significa poder, autoridad e incluso violencia. Es por ello que se percibe la llegada de un hijo como un obstáculo a la libertad que se disfruta como hombre, lo cual implica, de manera subterránea el temor a involucrarse emocionalmente con una criatura pequeña y frágil. Por eso, muchos padres abandonan el hogar antes o después del nacimiento de un hijo. Ante la ausencia del padre, emerge el Padre Imaginario, figura mítica, en la cual la madre proyecta todos aquellos atributos exacerbados de lo que significa ser hombre, por temor a la homosexualidad del hijo y también, para que éste, de algún modo, ocupe el lugar de hombre de la casa. La violencia, la infidelidad y el autoritarismo son supuestas características que todo “hombre” debe tener. Pero el hijo seguirá buscando al padre ausente, no solo incorporando estos atributos. Lo buscará en el maestro de escuela, el jefe de oficina o el capo del barrio. En las barriadas, muchos jóvenes son seducidos por el jefe de la pandilla, la figura de autoridad, el “padre”. Recientemente vi la película Ciudad de Dios, donde un niño es iniciado por el jefe de la pandilla, asesinando a otro niño, como especie de ritual de pase. Posteriormente, este niño dice: He aspirado (droga), he fumado, he robado y he asesinado. Entonces, ya soy un hombre. Interesante la mención a Cien Años de Soledad, porque siempre me ha parecido una apología al machismo

    • Gracias por tu comentario Nakary. Aportas reflexiones sobre realidades cotidianas que nos toca atender en el ámbito educativo y clínico, concuerdo contigo en tus observaciones. La referencia a Cien años de soledad tiene que ver con tomar en cuenta otros relatos, otros mitos que nos ayudan a hablar y elaborar el lugar del padre dentro de la realidad psíquica en su conexión con la cultura.

  6. Roberto Dall`Amore said

    Excelente el artículo el cual me emocionó, ya que uno no puede dejar de compararse como padre y como hijo en cuanto a lo vivido. Genial Emilia y MB comentario Nakary

  7. gustavo lobig said

    Hola Antonio, y bienvenido a mi blog LOBIGUS! Al ver que te hiciste miembro pasé a ver el tuyo y confieso que pocas veces me he topado con un artículo sobre el tema de la Paternidad tan bien elaborado como éste, y con un blog de tanta calidad. Así que sumo mi mención de ´excelente´ a la de los otros comentaristas. Confío que su lectura mine las bases de ese machismo cultural pernicioso en nuestra cultura, y que incluso contribuya a desmontar la imagen de padre autoritario y castigador que muchos creyentes asocian con la divinidad y pagan con su infelicidad y miedo mientras viven. Romper esas tradiciones nefastas requieren de iniciativas bien hechas y fundamentadas, oportunas y objetivas, como este blog, que entre otros aportes valida el de la necesidad de dar amor sin distingos entre roles como el de padre, madre o hijo, roles de los que al menos uno nos toca a cada quien. Seguimos en contacto. Un cordial saludo! Gustavo

  8. vanessa said

    Excelente articulo, primero mis felicitaciones, porque considero q un hombre hable de este tema, logra acercar a traves del genero al cambio q se necesita, por otro lado, me permitire compartir este articulo, porq aunq muchos padres quieren ya superar la posicion de poco afecto y proveedor, en ocasiones son las madres dond encontramos esa exigencia: la necesidad q sea el padre quien corrija, provea y castigue.

  9. vvmendieta said

    Antonio, gracias por tan espléndido trabajo. Mientras leía el articulo, venían a mi mente unas tras otras, memorias referentes a varias figuras paternas de mi Familia asociados a mi crianza, y logro ver un nuevo horizonte ahora en mi rol de Padre.

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