Revés de la masculinidad

Una aproximación psicoanalítica a la construcción subjetiva de lo masculino

  • La construcción subjetiva de lo masculino, tanto para los hombres como para las mujeres,

    ... lo que encubre, sus discontinuidades y ambigüedades, su complejidad y sus carencias como formulación acerca del ser. Tras la pretendida naturalidad de una supuesta esencia masculina están las brechas entre las realidades subjetivas y los estereotipos culturales, las cuales se traducen en tensión, desencuentro, conflicto, vacío existencial y patología. Abordamos el revés de la masculinidad, entendido como su reverso y también como su fracaso.
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Archive for 22 julio 2015

Otra vía de acción

Posted by Antonio Pignatiello Megliola en julio 22, 2015

 

Landscape with a SolitaryTraveler. Yosa Buson (circa 1870)

 Apreciado amigo, tu pregunta me da pie para afirmar que elegir no pelear y cuándo no hacerlo es ganar libertad. Renunciar a la violencia en nuestras prácticas cotidianas es ganar la posibilidad de optar por formas de relacionarnos y modos de vivir en sociedad que nos aporten más bienestar y menos sufrimiento, más disfrute y menos dolor. El no a la violencia va más allá de cómo resolver una situación particular, se refiere a la construcción de la realidad en que vivimos, a la calidad de los vínculos humanos, a las condiciones de vida que ofrecen las sociedades. Por eso, renunciar a la violencia no es quedarse en la contemplación, la pasividad o la indefensión. Seguimos la vía de la acción no violenta asumiendo a plenitud nuestra fuerza y nuestra capacidad de lucha.

Renunciar a la violencia no es rehuir ni negar el conflicto, al contrario, la acción no violenta se propone ir al fondo del mismo, encararlo y buscar soluciones que integran, reconcilian, sin vencedores ni vencidos. La experiencia psicoanalítica nos devela los modos en que evadimos el conflicto creando patologías en lugar de aceptarlo y ocuparse de su solución. El conflicto es parte de la existencia, no debemos vivir ajenos a ese hecho, pero junto con eso debemos superar las creencias que nos han llevado a confundir conflicto con pelea y guerra. Vivimos en entornos sociales que promueven la violencia como modo de responder a los conflictos, pero en realidad esta opción no los resuelve ni los supera, sólo crea la  ilusión de hacerlos desaparecer destruyendo o haciendo huir al otro. Esto opera de manera análoga y en consonancia con los procesos de defensa inconscientes que se activan ante los conflictos psíquicos. Los conflictos son parte de las relaciones humanas, la violencia no los resuelve, pasa por encima de ellos, los deja abiertos, crea otros nuevos y da origen a patologías y sufrimientos.

Asumimos la acción no violenta sabiendo que la violencia es una posibilidad, una opción entre otras, esto implica aceptar que somos capaces de recurrir a ella y sentimos impulsos que nos mueven a ejercerla o a aplaudir cuando otros son violentos. Si renunciamos a la violencia no es para presumir de una pureza que nos haría superiores, ni por cobardía o debilidad. Renunciamos a ella asumiendo plenamente que somos capaces de ser violentos, que lo hemos sido más de una vez y que hay circunstancias en las que podríamos considerar la violencia como opción. La no violencia es un principio que orienta nuestra acción, que nos abre una vía, pero al igual que todo principio, no basta por sí solo para responder a toda elección. Sabiendo que no descartamos la posibilidad de optar por la violencia en alguna situación, tomamos la vía de la acción no violenta comprendiendo que ella requiere compromiso responsable, trabajo y disciplina para hacer muchos cambios en nuestra realidad personal, familiar y social.

 Esta es la segunda parte de la respuesta a mi amigo Gabriel Padilla iniciada en la anterior publicación: Sin miedo a elegir. Próximamente compartiré la tercera parte. 

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Sin miedo a elegir

Posted by Antonio Pignatiello Megliola en julio 17, 2015

 

Xia_Chang-Clear_Wind_on_the_Qi_River

Viento claro sobre el río Qi. Xia Chang

 

Hace algo más de dos años, a propósito del artículo Ganar la libertad de renunciar, mi amigo Gabriel Padilla me envió desde Bogotá estas preguntas:

¿Cómo lee el psicoanálisis la vuelta que le da la cultura asiática a la cuestión de la violencia? No es una sola, ciertamente, pero se pueden detectar algunos trazos predominantes.
A veces ese soltar y renunciar implica elegir las batallas, vale decir no solo cuándo pelear o discutir, sino especialmente cuándo no hacerlo. ¿No es posible que en otras ocasiones ese soltar y renunciar también se traduzca en un no resistirse a lo que sea que venga (incluida la posibilidad del conflicto)?

Le respondí de inmediato agradeciendo sus preguntas, le ofrecí escribirle luego. Pero ese luego se convirtió en una larga pausa de casi dos años. Hace pocas semanas le envié una respuesta, la comparto en este espacio en tres partes, a continuación va la primera.

clear wind strong bambú

“Viento claro, fuerte bambú”. Xia Chang

Apreciado Gabriel

Luego de varios meses te escribo en relación con tu pregunta. Pude haberte respondido hace tiempo que en la misma pregunta está la respuesta: no podemos excluir que hay ocasiones en las que pelear es una opción.

Pero apenas planteada, esa afirmación fácil, me sonó simplista y demasiado cómoda. Me parece también que tu pregunta condensa varios aspectos que merecen ser considerados. Por otra parte, dado que centras la cuestión en el plano de las elecciones, me pareció relevante plantear cómo abordar este asunto sin caer en el cinismo de decir que al final todo vale, que “todo es igual nada es mejor”, como diría Discepolo.  Lo que planteaste me ha movido a reflexionar, tomar notas, conversar en clases y talleres. Si no fuese por la distancia geográfica hace tiempo te hubiese propuesto encontrarnos para conversar y trabajar estos temas en el telar del diálogo. Me tomé el tiempo y llegó el momento de poder escribirte, no con respuestas acabadas, completas y finales, sino con propuestas para ahondar la comprensión. Es un asunto que debemos mantener en permanente elaboración, no existen respuestas definitivas al respecto.

Con claridad señalaste que “soltar y renunciar implica elegir”. Subrayo que se trata de renunciar a lo impuesto, a lo que hacemos por miedo a ser juzgados, a ese apego que tenemos por conductas, identidades o roles que nos han sido transmitidos. Se trata de parar de hacer algo que hemos venido haciendo de manera compulsiva y forzada, ignorando que existen otras opciones. Para ser capaces de elegir debemos primero soltar las ilusiones acerca de lo inevitable, el único camino y la fatalidad.

Para elegir hay que tener opciones, para lo cual se requiere apertura y aceptación de otras maneras de ver una realidad y de otras acciones que son  posibles dentro de ellas. Esta es una condición que nos hace libres para elegir. No poseemos un libre albedrío natural, nacemos sujetados y vivimos inconscientemente en ese estado. La libertad que nos da poder de elegir surge cuando reconocemos ataduras a las que respondemos sin saber y somos capaces de desprendernos de ellas. Al hacer esto logramos desechar condicionamientos externos que habíamos tomado como parte de nuestra naturaleza.

En nuestra sociedad, en este momento histórico tenemos el reto de ayudar a que cada vez más personas, familias, grupos, instituciones y estados sean capaces de optar por no ejercer la violencia ni vivir dentro de ella. Optar por formas de convivencia basadas en la construcción de paz y no en la destrucción del otro. Al hablar de masculinidad esto toma especial relevancia, porque hemos sido los varones los más sujetados al ejercicio de la violencia y los que tenemos mayores temores para desprendernos de ella.

Continuará en la próxima publicación del blog

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