Revés de la masculinidad

Una aproximación psicoanalítica a la construcción subjetiva de lo masculino

  • La construcción subjetiva de lo masculino, tanto para los hombres como para las mujeres,

    ... lo que encubre, sus discontinuidades y ambigüedades, su complejidad y sus carencias como formulación acerca del ser. Tras la pretendida naturalidad de una supuesta esencia masculina están las brechas entre las realidades subjetivas y los estereotipos culturales, las cuales se traducen en tensión, desencuentro, conflicto, vacío existencial y patología. Abordamos el revés de la masculinidad, entendido como su reverso y también como su fracaso.
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Posts Tagged ‘diversidad’

Educar para salir al océano

Posted by Antonio Pignatiello Megliola en junio 17, 2015

Ortega, F. (2012) Isla del Barón

Isla del Barón (¿o varón?)

 Gracias a la iniciativa de Unión Afirmativa de Venezuela (UNAF), en la sede del Centro Zen de Caracas, se realizó el 12 de junio el taller “Masculinidades en la construcción de igualdad”.

Este fue un taller dirigido a hombres y mujeres en el que revisamos las construcciones culturales y subjetivas de la masculinidad, para reconocer cómo afectan las relaciones interpersonales, el amor y el sexo, la amistad y el trabajo, el tiempo libre y la política.

Un taller es un espacio para crear, un lugar para el trabajo artesanal que produce nuevas realidades, un lugar para descubrir herramientas y perfeccionar el uso de las ya conocidas.

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Fue el encuentro de un grupo de personas motivadas a explorar lo masculino, tanto en su experiencia personal como en el entorno social en el que trabajan. Diversas perspectivas, diversos recorridos que confluyeron para educarnos mutuamente, teniendo en cuenta que educar es dar al otro la oportunidad de ponerse en contacto con otra realidad, otra visión del mundo para salir de sí, ampliar su horizonte y crecer.

A lo largo de una mañana y una tarde, actividades que invitaban al diálogo nos llevaron a compartir vivencias y saberes, formular preguntas y construir respuestas iluminadoras, identificar fuentes de sufrimiento y abrir vías de transformación.

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A partir de experiencias vividas, el trabajo de esta jornada nos sirvió para reconocer que el hacerse hombre en nuestra cultura conlleva una carga de restricciones y mandatos absurdos, ansiedades impuestas, aislamiento afectivo y falso confort.

Pudimos comprender que los cambios son posibles en tanto entendamos que no son de un individuo por separado, el cambio se da junto con otros. A partir de este punto nos planteamos la reflexión acerca de vías de transformación cultural y subjetiva. Superar la limitación del egocentrismo, conectarse con las emociones, prestar atención al mundo interno, integrarse superando escisiones e inhibiciones, cuestionar creencias y salir de la ilusión de comodidad. Estas son algunas de las propuestas formuladas para orientarnos hacia otras formas de vivir lo masculino, reconciliadas con la feminidad y con la naturaleza que todos compartimos más allá de las dualidades del género. Por fuera del estrecho círculo en el que encerramos la masculinidad, se abre un océano de vínculos, placeres, emociones y experiencias de elevada realización humana.

Pequeña puerta al mar

Pequeña puerta al mar

Foto taller

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Sobre lugares y relatos de las paternidades

Posted by Antonio Pignatiello Megliola en febrero 26, 2013

Idylle (detalle) G. Klimt 1884

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera.

Juan Rulfo

De manera desapercibida, cada uno pasa por la vida dándole significado a la palabra padre. Hay paternidades, hombres que ocupan para otros el papel de padres, hijos que le dan a alguien ese lugar. Los padres pueden ser personajes amados y odiados, esperados, anhelados, ausentes o invasivos. Un padre puede ser ese al que se culpa de lo que no está bien, aquel a quien se le debe todo o el que se presenta como un horizonte inalcanzable. Encontramos padres en las familias, las organizaciones, las escuelas o los deportes, tenemos padres de la patria, padres de las iglesias y padres de las innovaciones tecnológicas.

Arrastramos tradiciones monoteístas que nos presentan al padre como un personaje mítico, único y verdadero, el representante de una esencia singular. Las realidades familiares contemporáneas nos plantean la necesidad de ocuparnos de la multiplicidad y la diversidad en lo que se refiere a las paternidades, adentrarnos en lo plural y lo multidimensional de las funciones paternas y los individuos que las ejercen.

La maternidad y la paternidad son producciones culturales como la alfarería, el tejido o la agricultura. Son también producciones subjetivas, así como las vasijas que salen de las manos alfareras, son algo diferente y particular para cada sujeto. Van mucho más allá de la función biológica que hace posible la reproducción de la especie, no son atributos con las que nace un individuo de acuerdo al sexo que le tocó, son resultado de relaciones y procesos simbólicos que les dan significado.

Las respuestas acerca de qué es un padre van acompañadas de otras acerca de dónde encontrarlo y qué se cuenta acerca de él. Lugares y relatos en lo íntimo de cada individuo, en las relaciones sociales, en las instituciones o en las formaciones culturales. No hay nombre para el padre sin un lugar en el que habita, una palabra materna que lo señala y una posición inconsciente que lo sostiene.

Hacerse padre es también una construcción en la realidad subjetiva de los individuos llamados a ocupar ese rol. Las formas en que se ejerce la paternidad están estrechamente ligadas a la construcción de la masculinidad y a la manera como un hombre se ubica en relación a las figuras maternas. Muchas personas tienen dificultades para integrar el ser hombre y el ser padre. El ejercicio de la paternidad es un tema dejado a un lado como vergonzoso o poco relevante, oculto y subvalorado para muchos de sus protagonistas.

Hemos heredado figuras del padre ligadas a la autoridad y al ejercicio del poder, las cuales viven en las relaciones cotidianas y los complejos inconscientes, a pesar de los Rembrandt (1635) Sacrificio de Isaac (detalle)cambios culturales que han producido un declive del patriarcado. Por un lado tenemos el autoritarismo, abandono, violencia y desapego que se derivan del uso del poder para darle significado a la paternidad. Por otra parte encontramos ideologías nostálgicas que nos prometen salvarnos de los males sociales si volvemos al viejo orden en el que la autoridad paterna no se cuestionaba.

La manera patriarcal de concebir al padre se encuentra cuestionada y debilitada por los cambios culturales en los roles de género y en las configuraciones familiares, así como por los procesos de democratización en muchas sociedades. Pero no hay que creer que el patriarcado está acabado, impera abiertamente en muchas sociedades, goza de buena salud incluso en el seno de muchas familias matricentradas.

El declive de la hegemonía patriarcal no debe llevarnos a omitir el papel de los hombres en la reproducción, la crianza de los hijos y la integración de unidades familiares. Podemos concebir roles paternos que logren prescindir de la violencia y el uso del poder sobre mujeres e hijos, nos hace falta hablar de otras facetas existentes pero poco exploradas de la paternidad.

Estas son cuestiones relevantes para el abordaje de problemáticas individuales, familiares y sociales. En junio del año pasado, presentamos una primera aproximación a las relaciones entre masculinidad y paternidad en Habitar territorios entrañables. Lo expuesto en este artículo es una presentación de los temas que abordaremos en el Seminario Lugares, relatos, paternidades, que tendrá inicio el 3 de abril en la Librería Liberarte. Será un espacio de estudio y reflexión en el que nos proponemos integrar los aportes del psicoanálisis con los de la psicología, las ciencias sociales, la educación y las artes. Un espacio para el diálogo entre saberes y el encuentro de nuevos significados.

Nota

Para información adicional sobre el seminario puede ponerse en contacto con Librería Liberarte escribiendo al correo paraliberarte@gmail.com o llamando a los teléfonos 0212 6629169 y 0416 3040929.

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Atreverse a salir de la fila

Posted by Antonio Pignatiello Megliola en mayo 22, 2012

Los héroes son todos jóvenes y bellos1, son siempre iguales a sí mismos, nunca cambian. Los héroes son una imagen congelada, bien sea que hablemos de los súper héroes de los cómics, de los guerreros homéricos o de los próceres de la nacionalidad. Aquiles murió joven, tenía otra opción lo sabía, pero eligió alcanzar la gloria en batalla. En la imagen de Bolívar no tiene cabida el deterioro que sufre el cuerpo de un hombre expuesto por casi veinte años a la intemperie de la guerra. Ésta no embellece a nadie, pero la pintan distinto en los relatos épicos, en los cuadros o en las películas.

Los héroes no cambian y una manera de realizar ese designio es con una muerte temprana. A ese dudoso honor de hombres armados sacrifican su vida muchos jóvenes que culminan con la muerte una breve carrera delincuencial.

Los héroes son solteros, libres, no atienden bebés, no necesitan cuidados porque flaquea la salud, no sufren, no tienen ninguna vivencia que los baje del pedestal en el que han sido encumbrados. Son una imagen fija, refractaria al cambio y al devenir.

En las sociedades de hace cien años, cuando la expectativa media de vida apenas llegaba a los 40 años, tal vez se notaban menos los cambios a lo largo del ciclo vital, pero hoy cuando esa expectativa se ha duplicado, tenemos la vida real en la que los hombres pasan por varios lugares de trabajo, éxitos, fracasos, uniones, separaciones, pérdidas, diferentes relaciones, pertenencia a varios núcleos familiares, variaciones en su respuesta sexual, emocional, en su salud o en sus motivaciones para vivir.

Pero la masculinidad construida sobre la base de la imagen de privilegio, superioridad y omnipotencia, se impone como muralla imaginaria contra el devenir, la transformación y el paso del tiempo. Cuando se cree haber alcanzado una manera de ser todounhombre, cualquier cambio en el guión parece una amenaza. Así tenemos hombres que viven la paternidad como una pérdida, otros que les espanta no estar disponibles para cualquier mujer si le son fieles a una, aquellos que se derrumban cuando una alteración de su situación laboral les hace sentir que no son proveedores o los que se aferran a conductas de reafirmación viril porque no quieren reconocer que envejecen. La vida da oportunidades para captar que las cosas no ocurren de acuerdo al guión señalado, sin embargo muchas subjetividades masculinas alzan defensas que impiden aprovechar esas oportunidades.

Las tribulaciones, peripecias y derrotas del caballero de la triste figura pueden ayudarnos a ver las implicaciones de usar vestiduras anacrónicas para hacerse hombre. Una construcción fantaseada en la cual el sujeto asume cabalgaduras, trajes y comportamientos que remiten a un pasado idealizado. Se usa ese pasado para legitimar la masculinidad emulando figuras de la historia familiar o social. ¿Hombres? Los de antes, esos sí eran, toca entonces parecerse o acercarse a ellos.

Cuando la vida se encuentra regida por el imperativo de mantenerse idéntico a un ideal de masculinidad, se experimentan grandes dificultades para emprender o aceptar cambios. Se vive así apegado a un  tiempo lineal, el futuro se ve como la prolongación de un instante actual definido por una imagen pretérita. Ese tiempo psíquico estático entra en conflicto con el devenir, los ciclos y el cambio incesante de la vida real, impide encontrar formas de vivir con menos malestar y más satisfacción.

Una masculinidad basada en la potencia fálica, el ejercicio del poder y la identificación a ideales de superioridad, supone el rechazo de aquellos aspectos de la subjetividad que entran en contradicción con esos referentes. Pero lo que fue rechazado en el sujeto sigue ahí, sigue siendo parte de él. Esto se puede convertir en una presencia inquietante, una fuente de conflictos, procesos defensivos y formación de sustitutos que hacen daño, pero se aprende a vivir con eso, a considerarlo natural e incluso a obtener ganancias de ello. El sujeto queda detenido en un tiempo pasado, convierte en algo fijo y naturalizado la solución fallida que se le dio a un asunto en un momento temprano de la vida. Aunque hayan caducado las condiciones que les dieron origen, los síntomas se mantienen en el tiempo sin modificarse.

Tal modo de vida es exitoso sólo en apariencia, en realidad pasa por crisis que pueden presentarse como ataques de pánico, episodios de violencia, accidentes por conductas riesgosas, consumo de drogas, ruptura de vínculos interpersonales o deterioro de la salud física. El individuo atribuye a la fatalidad o la mala fortuna las consecuencias de procesos que lo involucran pero desconoce, el cuerpo o los eventos externos hacen patente un malestar psíquico no reconocido.

Adentrarse en los procesos subjetivos abre caminos para el cambio, ayuda a superar la inmovilidad y la repetición compulsiva. Hay otras opciones, es posible el movimiento hacia nuevas realidades subjetivas si abandonamos la creencia de que los hombres son básicos y simples por naturaleza. También si tenemos en cuenta que lo masculino no se hace sólo aprendiendo conductas dadas por el entorno, decir que las subjetividades masculinas se conforman alrededor de las creencias y mandatos de un modelo hegemónico es sólo una parte del asunto. La subjetividad individual reproduce ese modelo, pero es mucho más que eso, abarca realidades inconscientes que perviven en el sujeto a pesar de estar en contradicción con los mandatos asumidos.

No todos los hombres definen su subjetividad por los patrones hegemónicos de masculinidad, no todo en las subjetividades masculinas responde a esos patrones. En ese no todo estriba una oportunidad de hacer la diferencia. Cada hombre tiene la opción de reconocer en su historia lo que ha marcado su masculinidad, de reconocerse como sujeto de los procesos inconscientes que la han conformado. Esto abre la posibilidad de concebir otras opciones válidas para cada uno y hacer elecciones en base a las mismas. Abre la posibilidad del cambio hacia otras maneras de vivir la masculinidad sin ataduras al ejercicio del poder, el privilegio o la violencia.

Poco hacemos con cambios culturales o políticos si todo sigue igual en la subjetividad. Tampoco nos ayudan las visiones moralistas o voluntaristas que conciben el cambio como la imposición de un deber ser, un ideal de ser mejores hombres que termina siendo sólo apariencia porque soslaya lo que ocurre en la realidad del sujeto. Los cambios impuestos sólo producen obediencia aparente y resistencia encubierta. Postular una masculinidad que sustituya la anterior, un hombre nuevo del siglo XXI, no sería más que actualizar el modelo hegemónico vigente y tendría implicaciones autoritarias.

Un cambio sería lograr trascender el asunto de ser o no ser hombre como referente central en la construcción de la subjetividad. Preguntarse por qué importa tanto ese asunto. En lugar de seguir preguntándose acerca de cómo ser más o mejor hombre,  llegar a plantear ¿cómo lograr que hacerse hombre deje de ser obstáculo al movimiento en la subjetividad?

Podemos también cuestionar la idea de la masculinidad como referente unitario, no vemos el cambio como la sustitución de un patrón hegemónico por otro. Tampoco buscamos héroes, de esos ya hemos tenido bastantes. Hace falta superar la unidimensionalidad, el pensamiento único, la identidad disciplinada y uniformada, para que no haya una sola forma de ser hombre, sino todas las posibles. Que tenga legitimidad la diferencia, la particularidad de cada uno en su manera de vivir y darle sentido a lo masculino, que todas esas posibilidades las vivan muchos individuos, pero que también puedan ser opciones para un mismo individuo en los diferentes lugares y momentos de su vida.

Fluir por diferentes experiencias y roles, en la calle, en el trabajo, pero también en la crianza de los hijos o en labores domésticas. Ser atendido y cuidado, pero también ser capaz de atender, cuidar a otros y sentir satisfacción en ello. Enterarse y experimentar que además de la ira existe un amplio espectro de emociones que se pueden sentir, nombrar, expresar y tomarlas como referente para la vida de todos los días. Atreverse a usar la empatía para ver al mundo y a sí mismo también desde un punto de vista femenino.

 

Nota

1.- “Gli eroi son tutti giovani e belli”, verso de la canción de Francesco Guccini La locomotiva

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